Tengo todo pero no soy feliz

La felicidad es la emoción que se produce en un ser humano cuando cree haber alcanzado sus metas. Una sensación que experimentan aquellas personas que se sienten satisfechas consigo mismas y con el camino que han escogido. Sin embargo, existe un porcentaje alto de seres que no han hallado todavía esa vía y se sienten desorientados en su vida.

Una situación que cada vez se vuelve más común en la sociedad, aunque la mayoría de personas no son conscientes de que lo que les pasa puede tener fácil solución. Tiene un tratamiento sencillo y completo que, en definitiva, tiene que ver con una asignatura pendiente: aprender sobre uno mismo.

En el momento que una persona experimenta ese sentimiento de que a pesar de tenerlo todo no es feliz se produce una serie de síntomas como la tristeza, la desgana, la dejadez, la desilusión, que hacen que el individuo no le encuentre sentido a su existencia.

Así, ejecuta sus acciones de forma mecánica, sin sentirlo ni vivirlo, como un mero trámite banal, que forma parte de su tediosa rutina. Siente un vacío interior que no sabe cómo llenar, nada de lo que hace le gusta, le enriquece, porque se compara con otros y le gusta más lo que hacen o son los demás que lo que hace él mismo, porque se juzga y critica mentalmente.

La persona se cuestiona todo y no sabe con qué puede llenar ese vacío, lo que le provoca una sensación de incertidumbre, de no saber hacia dónde ir. No encuentra sentido a lo que hace ni a lo que es y su estado emocional se ve tambaleado por las incógnitas que quiere resolver.

¿Hacia dónde me dirijo?

En el momento que el individuo se cuestiona porqué no es feliz, entonces comienza el proceso de autodescubrimiento, necesario para detectar y descubrir su talento. A este menester se dedican precisamente los consultores de Intelema, a guiar a las personas para que conozcan sus habilidades y potenciarlas, con el objetivo de que conviertan su pasión en su trabajo y se sientan auto realizados.

Los consultores trabajan de forma cercana con las personas que se encuentran en este momento vital para mostrarles que hay un camino, que consiste en mirar a cámara lenta lo que hay dentro de ellos mismos: los valores, las capacidades y las experiencias que no están usando de un modo adecuado, ni en su beneficio. El fin último es descubrir que se han desviado del camino sin darse cuenta y enseñarles que hay unas herramientas para retomar las riendas y volver al sendero.

A través de la metodología propia de Intelema se crea, por tanto, un “espacio de confianza, respeto, afecto, donde empiezan a sentirse protagonistas de su propia vida”, explica Carmen Sánchez, consultora y fundadora de la organización. “Somos protagonistas de lo que sentimos, pensamos, comunicamos, actuamos. Nadie piensa por mí, nadie siente por mí, nadie comunica por mí y nadie actúa por mí. A esto lo llamamos responsabilidad emocional”, puntualiza.

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