Hacemos lo que queremos, queremos lo que hacemos

Hacemos lo que queremos, queremos lo que hacemos

En la familia

Todo evoluciona y las familias también. En la actualidad encontramos multitud de modelos de familia, pero vamos a basarnos en el tipo más habitual, aunque tiene la misma validez para todas. Si dibujas el organigrama de tu familia, verás cuál es tu papel dentro de la misma. En el organigrama de esta familia estarían los progenitores arriba y los hijos abajo. Los hijos respetan la autoridad de los padres y los padres ejercen su autoridad con amor, tolerancia y generosidad. Mientras que los hijos aprenden a estar en este clima de valores humanos saludables y participan, aprenden, se desarrollan desde el bienestar. Conviven en un clima de afecto y responsabilidad.

Cuando hago lo que quiero y quiero lo que hago estoy centrado en las necesidades y motivaciones de la familia en cada momento y en mi mente no hay nada que no sea en lo que estoy en ese momento (mi familia y yo-yo y mi familia). No debemos confundir estar concentrado con mi familia, empatizar con la misma, con estar agradándole. A los padres les corresponde el papel de escuchar, conversar, e informar concreta y claramente. Todas estas competencias se realizarán desde esa conexión con valores como los mencionados en el párrafo anterior: amor, tolerancia y generosidad.

Cuando la intención está en el amor automáticamente a la vez, nuestros estados emocionales serán: el afecto, la ternura, la alegría y las acciones que llevemos a cabo van a ser gratificantes para el individuo y el grupo. Es muy importante poner un límite de tiempo para cada acción y cumplirlo. El orden y el equilibrio van de la mano. En una familia con dos hijos los padres son los que guían, enseñan, dirigen esa familia, y hasta que los hijos tengan una responsabilidad legal, ya que en este momento vivimos en una sociedad con normas y leyes que han de respetarse, se ocuparán ambos de manera consensuada del desarrollo de sus hijos.

Si eres de los que se llevan el trabajo a casa, u otras preocupaciones y no te ves preparad@ o capaz de concentrarte en la familia, es probable que no hayas tomado conciencia de la situación y que necesites ayuda, al igual que muchas personas, para hacerlo.

En el trabajo

La persona que hace lo que quiere y ama lo que hace está conectada a la misión de su puesto de trabajo y a vivirla intensamente. Tiene claro su papel y cada tarea la realiza en un estado de concentración. Si la persona trabaja a cambio de un sueldo y su única motivación es el dinero, el tiempo que dedica a trabajar se suele eternizar y se pasará el día quejándose de todo y de todos: sus jefes, compañeros, tareas, etc.

Cuando no transmite las quejas a quien le corresponde en muchas ocasiones se vuelve en contra de sí mismo. La persona que hace lo que quiere y quiere lo que hace cualquier cosa que no le agrade o no comparta se la transmitirá a quien le corresponda. Cuando uno no tiene la sensación de que trabaja porque tiene la suerte de estar conectado a su vocación o a lo que nosotros llamamos “propósito de vida”, normalmente la persona sin proponérselo, da lo mejor de sí misma y no juzga a nadie, trabaja en equipo, da y recibe, permanentemente en beneficio propio y de la sociedad para la que ha sido contratada. De esta manera, si la persona está en disposición de desarrollar todo su potencial, sus expectativas siempre serán superadas.

Del otro modo, la persona se sentirá cada vez peor y no entenderá el porqué. Para evitar que esto suceda, es fundamental conectarse con la situación de dar lo mejor de mí en cada instante. Me conecto a mi misión, a mi puesto, a mis compañeros, a mis jefes. Es muy importante que lo que hagas te guste, disfrutes y te emocione. Si no es así, si no te sientes bien en tu trabajo, en tu puesto, con tus compañeros, con tus jefes y no sabes cómo salir del círculo te recomendamos que no esperes más y contactes con un especialista.

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